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epistolarios

As cartas de Rosalía de Castro sobre...

LITERATURA

Carta: 1 a 5 de 5
25/07/1881
Remitente/s:
ROSALÍA DE CASTRO
Destinatarios/as:
MANUEL MURGUÍA
Orixe
Lestrove, Galicia
Ficha descritiva
[Carta manuscrita con firma autógrafa]

Localización física
Deputación da Coruña

Lestrove, 25 de julio de 1881
Mi querido Manolo: te he escrito ayer, pero vuelvo a hacerlo hoy deprisa para decirte únicamente que me extraña que insistas todavía en que escriba un nuevo tomo de versos en dialecto gallego. No siendo porque lo apurado de las circunstancias me obligan imperiosamente a ello, dado caso que el editor aceptase las condiciones que te dije, ni por tres, ni por seis, ni por nueve mil reales volveré a escribir nada en nuestro dialecto, ni acaso tampoco a ocuparme de nada que a nuestro país concierna. Con lo cual él no perderá nada, pero yo perderé mucho menos todavía.
Se atreven a decir que es fuerza que me rehabilite ante Galicia. ¿Rehabilitarme de qué? ¿De haber hecho todo lo que en mí cupo por su engrandecimiento?
El país sí que es el que tiene que rehabilitarse para con los escritores, a quienes, aun cuando no sea más que por la buena fe y entusiasmo con que por él han trabajado, les debe una estimación y respeto que no saben darles y que guardan para lo que no quiero ahora mentar. ¿Qué algarada ha sido ésa que en contra mía han levantado, cuando es notorio el amor que a mi tierra profeso? Aun dado el caso (que niego) de que yo hubiese realmente pecado por lo que toca al artículo en cuestión, ¿era aquello suficiente para arrojar un sambenito sobre la reputación literaria grande o pequeña de cualquier escritor que hubiese dado siempre probadas muestras de amor patrio, como creo yo haberlas dado? No; esto puede decirse sencillamente mala fe, o falta absoluta no solo de consideración y gratitud, sino también de criterio. Pues bien: el país que así trata a los suyos no merece que aquellos que tales ofensas reciben vuelvan a herir la susceptibilidad de sus compatriotas con sus escritos malos o buenos. Y en tanto, ya que tan dañada intención han encontrado en lo que narré, para dar a conocer (y no para alabarla ni censurarla) una costumbre antiquísima, y de la cual aún quedaba algún resto en nuestro país, pueden consolarse leyendo la estadística (que no tiene amor propio ni entrañas) y en la cual hallarán datos científicos respecto de la moralidad de nuestra tierra, por lo que toca a cierta cuestión que han sacado a relucir ciertos periódicos escandalizados con mi artículo. Si así arremetiesen contra la estadística sería mejor, a ver si así lograban borrar lo que es peor mil veces que lo que en mí han censurado tan bravamente.
Hazle, pues, presente al editor que, pese a la mala opinión de que al presente gozo, ha tenido a bien acordarse de mí, lo cual le agradezco, mi resolución de no volver a coger la pluma para nada que pertenezca a este país, ni menos escribir en gallego, [de] una vez que a él no le conviene aceptar las condiciones que le he propuesto. No quiero volver a escandalizar a mis paisanos.
Los niños quedan buenos y ennegreciéndose cada vez más al sol; bueno es que parece que ha aplacado un poco sus ardores insoportables de esos días atrás. Nada sé de lo que pasa por Santiago, ni un periódico logro ver de allá. Lo que sí recibo diariamente es El Noroeste de La Coruña, que tienen la atención de mandarme en lugar de El Clamor. Respecto de El Imparcial, lo recibo un día sí y dos no. Variaciones de Correos.
Me llaman a comer. Recibe cariños de todos y tú sabes te quiere tu mujer.
Rosalía

Notas
- Manolo [=Manuel Murguia]
- Los niños [= Aura, Gala, Ovidio e Amara Martínez-Murguía Castro]

10/07/1887
Remitente/s:
ROSALÍA DE CASTRO
Destinatarios/as:
EDUARDO PONDAL
Ficha descritiva
[Carta manuscrita con firma autógrafa]

Localización física
Real Academia Galega

Sr. D. Eduardo Pondal

Mi apreciable y distinguido amigo: He tenido el gusto de poder recibir su atenta carta y me apresuro a decirle son en mi poder los 400 rs. que V. ha tenido a bien entregarle para mí a don Felipe Núñez.
Doile a V. un millón de gracias por las molestias que en nuestro obsequio se toma, y le suplico nos dispense el que le obliguemos, impulsados por la necesidad, a ocuparse de la venta de una mercancía que, como V. dice muy bien, tan poca salida tiene en nuestras plazas, aunque es posible que por esta vez consista la escasez de compradores en lo flojo del género.
Mucho le agradezco, asimismo, las benévolas frases con que procura alentarme, pero, creyéndolas inspiradas por su generosidad y la buena amistad que nos profesa, no pueden hacerme esperar en la inmortalidad, que nunca le estuvo reservada a las medianías en cuyo número me encuentro. Trabajo, pues, amigo Pondal, porque las circunstancias me obligan a ello, y al trabajar lo hago como puedo y sé, en aquello que siento y es más grato a mi corazón, el enaltecimiento de nuestra amada Galicia.
Y a propósito de esto, ¿cuándo saldrá a la luz el poema que tiene V. anunciado? Yo lo espero con ansia hace tiempo y lo mismo les pasa a todos los amantes de la verdadera poesía y que desean refrescar el entendimiento con algo selecto y delicado. V., que es de los verdaderos elegidos, es el que no debe dormirse ni un día; no nos haga, pues, esperar mucho la publicación de su obra, que supongo, a juzgar por su índole y el amor con que V. parece tratarla, ha de superar todavía en mérito a las que todos conocemos.
Sin más, con afectuosos recuerdos de Alejandra, tengo la satisfacción de repetirme su admiradora y afectísima amiga
q.s.m.b.
Rosalía Castro de Murguía.
Lestrove, 10 de julio – 1881

06/04/1864
Remitente/s:
ROSALÍA DE CASTRO
Destinatarios/as:
EDUARDO PONDAL
Orixe
Santiago de Compostela, Galicia
Ficha descritiva
[Carta manuscrita con firma autógrafa]

Localización física
Real Academia Galega

Mi estimado amigo:
Después de los apuntes biográficos sobre Mourelle que me ha enviado, recibí su atenta carta, que me ha causado gran satisfacción, tanto por la amabilidad con que en ella nos trata, como por saber que sigue V. tan mejorado. En verdad no podía menos de ser así, pues según todas las apariencias, aun cuando se hallase V. un poco delicado, no presentaba ninguno de esos síntomas fatales que el menos entendedor es capaz de conocer. Le diré, pues, ante todo que prosiga cazando y comiendo bien sobre todo, que es lo esencial, y al cabo de algún tiempo espero que llegaremos a verle tan bueno como es de desear. Por mi parte, le puedo asegurar que las aguas de Caldas obraron en mí un verdadero milagro. Pasé todo este invierno (que ha sido crudo) sin un constipado, cosa que en mí casi parece imposible, y si no estoy robusta, que fuera mucho decir, ya no tengo por lo menos aquel semblante demacrado y aquellas mejillas enjutas que me hacían parecer diez años más vieja, ni aquella postración general que me hacía semejante a un mueble inútil. Ahora subo y bajo, corro y paseo sin grande agitación, en resumen, paso tan bien la vida como nunca me atrevería a esperar. Con esto debe V. cobrar inmensas esperanzas, pues no puedo suponer se ponga V. más enfermo que lo estaba yo, a quien Varela juzgaba mujer muerta. Yo misma, a quien todos suponían llena de aprensión, me sentía morir realmente y a pasos agigantados, siendo solo mi gran fuerza de espíritu la que me hacía sostenerme en pie. Verdaderamente estaba mortal, todo lo tenía contra mí, sin ninguna probabilidad favorable, y sin embargo, aquí me tiene V. resucitada, ¡a Dios gracias!
Respecto a trabajar, absolutamente nada, y aun cuando V. se digna hacerme algunos elogios que estoy muy lejos de merecer, y que solo puedo deber a su buena amistad, le aseguro que se pierde muy poco con que yo no escriba. Francamente, no tengo ninguna fe en la gloria y, por otra parte, conozco demasiado mis pequeñas fuerzas. Acaso consistirá en que soy muy ambiciosa, pero es lo cierto que nada de cuanto hice me satisface en lo más mínimo y por eso, después de haber ensayado algunos nuevos trabajos de los cuales quedé muy descontenta, he roto cuanto hice y no volví a coger la pluma. Manolo me riñe algunas veces, pero nada mejor que una conoce hasta donde puede alcanzar. Y como no tengo demasiada paciencia para luchar me abandono, convencida de que poco se pierde. V. sí que debía dedicarse formalmente a hacer algo original, pues aunque mi pobre juicio de nada vale, sin que pretenda devolverle a V. una galantería, le diré, como lo he dicho siempre, que sus versos son los que me hacen sentir más de cuantos en Galicia se escriben. Aun cuando por mero descuido sea V. algunas veces desaliñado, sus versos siempre son versos, y versos de ese género que no puede menos de impresionar, porque encierra ese sentimiento escogido que vibra en el corazón y que solo se encuentra el que ha nacido verdaderamente poeta. Por esto, me atreveré a aconsejarle que, permitiéndoselo su salud, mejor que traducir hiciese cosas originales. En mi opinión, el traducir en verso es un trabajo demasiado penoso y demasiado ingrato; todos, por lo general, se admiran del genio del autor, y jamás del traductor. Es, en fin, un trabajo de abnegación, y cuando se tiene genio pienso que no se debe desperdiciar el vigor de su inteligencia en un trabajo ajeno.
Cuando sea V. viejo, ya es otra cosa, pero en tanto tenga V. fuego en el corazón trabaje V. para alcanzar gloria, y demostrar a las gentes que esta pobre tierra que se llama Galicia también tiene poetas, pues por lo de ahora debemos confesar que, respecto a ese punto, nos encontramos flojos.
Manolo se halla en Madrid, desde noviembre, y vive para lo que a V. se le ofrezca, [en] Calle del Gato, nº 4 cuarto 2º. Hoy me escribe que piensa venirse en todo este mes, pero como las cosas de Madrid son cosas de Corte, no sé si en realidad podrá cumplir lo que promete. El ofrecimiento que V. le hace con tanta franqueza, y por el cual le doy las más sinceras gracias, pienso que ha de ser muy de su agrado, y yo estaría muy lejos de oponerme a una cosa que así le complace a él, como a un amigo como V. Quede, pues, sentado que por mi parte no habrá el menor inconveniente en que VV. pasen juntos parte del verano, siendo por el contrario una gran satisfacción para mí el que V. le honre de tal modo con su aprecio. Le he dado parte del recibo de su carta y de sus apuntes: hoy le escribiré las señas con que se ha de dirigir a V. y pienso que pronto sabrá V. de él directamente.
Nada más le digo, sino que me alegraré progrese en su salud, y que eche lejos de sí toda aprensión. Con el buen método de vida que ha emprendido pronto le veremos en buen camino, y en ello sentirá una verdadera satisfacción, la que le estima con la mayor sinceridad, afectísima amiga,
Q. B. S. M.
Rosalía Castro de Murguía
Santiago. Abril 6 de 1864

Notas
- Manuel Murguía [=Manolo].

23/06/1868
Remitente/s:
ROSALÍA DE CASTRO
Destinatarios/as:
JOSÉ MARÍA POSADA
Orixe
Santiago de Compostela, Galicia
Ficha descritiva
[Carta manuscrita parcialmente procedente de transcrición]

Localización física
Biblioteca Nacional de España

Sñr. D. José María Posada.

Muy señor mío y de mi mayor aprecio: a su debido tiempo he recibido el tomito de sus poesías, que V. ha tenido la bondad de enviarme, así como su atenta carta, y si no he contestado más antes, como era mi deber, fue porque me lo han impedido circunstancias bastante desagradables entre las cuales, aparte de otros disgustos, se cuenta la falta de salud, y la reciente muerte de dos tíos, a quienes, uno tras de otro, se ha servido llevar el Señor. Además, quería antes de escribirle, leer a mi gusto sus bellas poesías, las cuales, en efecto, me han servido de grato recreo en las varias [horas de tristeza y mal humor por que he pasado. No le adulo, pues, al decirle que me he alegrado infinito de conocerlas, primero por ser fruto de un ingenio de mi país, y segundo, porque ha sabido V. escoger un género dulce y grato al ánimo, que hará que sus poesías agraden siempre, sean cualesquiera las circunstancias de la vida en que se lean. Me gustan, sobre todo, las que llevan por título El corazón, El valle, Entierro de un ángel, La desconfianza (soneto), Mi patria, Un mensajero misterioso (soneto), Ciprés y rosas, y algunas otras, que ahora no puedo recordar. En fin: su librito de V. es un ramillete que todo buen gallego debe apreciar en sumo grado, como se merece, y que yo tengo en gran valía. Le doy, pues, por él, las más expresivas gracias, y no dude de que lo conservaré como una prenda digna de ser preferentemente guardada.
Supongo que no se habrá V. contentado con haber escrito tan parcamente, aun cuando, como dice el adagio, vale más poco y bueno que mucho y malo. No obstante yo espero que algo más he de poder leer de V. y me atrevo a pedirle que cualquier cosa que haya publicado o llegue a publicar me la envíe tan pronto pueda, y dispense la franqueza.
Mucho me alegrará que los disgustos, que según nos decía en su primera carta le agobiaban, hayan desaparecido, y que goce como merece, al lado de su familia, esa paz por que todos suspiramos, y que por desgracia tan difícilmente se encuentra.
Concluyo volviendo a rogarle me dispense el que haya tardado] tanto en escribirle y con mil afectos de Murguía se repite su amiga y servidora
q. b. s. m.
Rosalía Castro de Murguía
Santiago - 23 de junio - 1868

Notas
- Unha parte desta carta é transcrita e outra de fonte manuscrita.
- Transcrición de Rafael Chacón en Grial, n.º 100 (1988), p. 289.
- BNE Manuscrito MSS/20433/9.

04/02/1884
Remitente/s:
ROSALÍA DE CASTRO
Destinatarios/as:
WALDO ÁLVAREZ ÍNSUA
Destino
A Habana, Cuba
Orixe
Padrón, Galicia
Ficha descritiva
[Carta transcrita]

Localización física
Arquivo da Emigración Galega, Consello da Cultura Galega

Señor don Waldo A. Insúa - Habana.

Muy señor mío y de mi consideración: Son tan escasos los números de El Eco que llegan a nuestro poder que la primera noticia que tuve de lo que se pensaba hacer en mi obsequio en La Habana fue por medio de mi antiguo amigo, señor don Ángel Baltar, alcalde de esta población, cuando se presentó en nombre del Centro Gallego a pedirme permiso para dar una función dramática en mi beneficio. Juzgue usted, por tanto, de mi sorpresa.
Nada sabía de que hubiese usted publicado artículo alguno en mi favor -que a haberlo leído ya hubiera yo escrito a usted dándole gracias-; nada de lo que, merced a su iniciativa, se pensaba hacer en mi obsequio; nada, en fin, de que fuese deudora a mis paisanos en general y a usted en particular de la espontánea muestra de cariño y estimación que tan inmerecidamente acaban de otorgarme. La soledad en que vivimos no permitió tampoco que nadie me hablase de su artículo, cosa que siento en el alma, pues temo que haya juzgado mal de mi silencio; hoy mismo no puedo referirme a dicho trabajo más que por lo que se desprende de los últimos números recibidos. Mas no por eso, sean los que quieran los términos en que se haya expresado, que yo bien sé habrán sido siempre superiores a mis merecimientos, dejo de quedarle, y de todo corazón, perpetuamente agradecida.
Adjunto va, para que me haga el obsequio de publicarla en su revista, la carta de gracias a mis paisanos. Bien siento que las palabras sean en ocasiones tan impotentes para decir lo que uno siente que no permitan expresar con toda la verdad que desearía y era necesario los sentimientos que experimento; mas han de perdonármelo todo mientras llegue aquel día y ocasión oportuna en que me sea dado probar a todos ustedes cuán lealmente agradezco y cuán profundamente queda grabada en mi alma el hecho y la consideración que con él me han demostrado, tomando una parte tan directa y tan espontánea en las contrariedades que experimento.
Supongo que por este correo nuestro amigo don Alejandro Chao remitirá a la Propaganda los primeros ejemplares de mi nuevo libro de versos En las orillas del Sar, que según telegrama del impresor está ya listo para ponerse a la venta. Si antes de salir el correo recibiese alguno, tendría sumo gusto en remitirle el que le he de dedicar, como una muestra de distinción y agradecimiento. Temo, sin embargo, que no llegue a tiempo y que, por tanto, no me sea posible mandarlo hasta el próximo inmediato correo.
Mi esposo, que acaba de llegar de Madrid y se halla sumamente ocupado, piensa escribirle muy pronto: mientras no lo hace da a usted infinitas gracias por todo y se le ofrece para cuanto lo considere útil. Me encarga asimismo ruegue a usted que, si no le fuese muy molesto, se sirviese enviarle el número en que se publicó el primer capítulo de la biografía de Serafín Avendaño, pues no lo recibió, ni tampoco el ejemplar de La Nación Española, de Buenos Aires. También había de agradecerle, ya que no el número de El Eco en que se publicó un artículo y romances de Silvana, que le remitió hace tiempo, una copia al menos de dicho trabajo y romances.
Creo será más que excusado añadir aquí que aprovecho gustosa la ocasión que se me presenta de hacer a usted patente toda la estimación que me merece y le profeso, no sólo por el acto que respecto a mí acaba de llevar a cabo, sino como al defensor de nuestra patria Galicia. Sea o no necesario, siempre será un hecho que ahora y en toda ocasión puede contar con la inútil pero sincera amistad de su siempre afectísima y segura servidora q. b. s. m.,
Rosalía Castro de Murguía
S/c., Padrón, 4 de febrero de 1884

Notas
- Mi esposo = Manuel Murguía.
- Silvana é unha personaxe literaria.
- Publicada por primeira vez en El eco de Galicia : revista semanal de ciencias, arte y literatura, n.º 192 (28/02/1886), p. 2.


                                      

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