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epistolarios

As cartas de Rosalía de Castro sobre...

ENFERMIDADE

Carta: 1 a 4 de 4
Remitente/s:
ROSALÍA DE CASTRO
Destinatarios/as:
MANUEL MURGUÍA
Ficha descritiva
[Carta manuscrita]

Localización física
Deputación da Coruña

Mi querido Manolo: no debía escribirte hoy, pues tú, que me dices lo haga yo todos los días, escaseas las tuyas cuanto puedes, pues casualmente los dos días peores que he tenido, hasta me aconteció la fatalidad de no recibir carta tuya. Ya me vas acostumbrando, y como todo depende de la costumbre, ya no me hace tanto efecto; sin embargo, estos días en que me encuentro enferma, como estoy más "susceptible", lo siento más. Te perdono, sin embargo, aunque sé que no tendrías hoy otro motivo para no escribirme que el de algún paseíto con Indalecio, u otra cosa parecida. Pero no reñiremos por esto, cuando tan desdichados somos ya. Yo prosigo con mucha tos, mucha más que antes, aunque me cesaron los escalofríos. Sin embargo, se me figura que este golpe ha sido demasiado fuerte y que si llego a sanar, que no lo sé, me han de quedar restos y reliquias. Ya sabes que no soy aprensiva y que cuando estoy buena no me acuerdo de que he estado enferma, pero te aseguro que éste ha sido un golpe de lanza soberano y que no sé cómo quedaré. Te confieso que lo mismo me da, y que si en realidad llegase a ponerme tísica, lo único que querría es acabar pronto, porque moriría medio desesperada al verme envuelta en gargajos, y cuanto más durase el negocio, peor.
¿Quién demonio habrá hecho de la tisis una enfermedad poética? La enfermedad más sublime de cuantas han existido (después de hallarse uno a bien con Dios) es una apoplejía fulminante, o un rayo, que hasta impide, si ha herido como buen rayo, que los gusanos se ceben en el cuerpo convertido en verdadera ceniza. Pero dejemos de hablar de esto, puesto que, según todas las trazas, sea hoy, sea mañana, más tarde o más temprano, pienso que tendré que morir despacio y a modito, y sin duda será un bien, porque en realidad me hallo cada vez menos resignada, y por lo mismo menos a bien con Dios; y de este modo, muriendo de repente, me iría muy mal.
Pero reflexionando en lo que te escribo veo que soy una loca, y tienes mucho que perdonarme. Tú ya sabes que cuanto estoy enferma me pongo de un humor del diablo, todo lo veo negro y, añadiendo a esto que no te veo y nuestras circunstancias, malditas cien veces, con una bilis como la mía, no hay remedio sino redactar una carta como esta, precisamente cuando va dirigida a la persona que más se quiere en el mundo, y a la única a quien se le pueden decir estas cosas. Perdóname, pues, y sobre todo no me hagas caso. Muchas veces he creído que iba a morirme y aún estoy [viva, y probablemente esta vez, si] Dios quiere, sucederá lo mismo.
Sigo tomando la leche de burra, pues el buen médico no me dijo ni oste ni moste, ni me dio más remedio; hoy compré otra botella de cerveza, y le regalaré a esos ladrones con título 28 cuartos. Gallinas no quiero comprar más; lo mismo me he de morir de un modo que de otro. Hoy cuando quise mandarte los libros ya era tarde, pero mañana irán sin falta trece tomos y La guerra de los dioses, que bien harías en quemarla, más bien que en darla a nadie, pues esas obscenidades ensucian en donde están. Veremos si mañana soy más feliz que hoy. Se me olvidaba. Tu tía Teresa está ahí, pues al pasar por allí la niña la vio, pues la llamó ella y le dijo que me diese un recadito, y que no venía por aquí porque estaba sola la tía Pepa. Yo no salgo, pero aunque así no fuera, no iría a verla. Respecto a lo que me dices de comprar sillas para tu cuarto, etcétera, nada haré…

Notas
- Manolo [= Manuel Murguía].
- La niña [=Alejandra Martínez-Murguía Castro].
- Tía Teresa [= Teresa Martínez Castro].
- Tía Pepa [=Josefa Martínez Castro].

Remitente/s:
ROSALÍA DE CASTRO
Destinatarios/as:
MANUEL MURGUÍA
Ficha descritiva
[Carta manuscrita con firma autógrafa]

Localización física
Deputación da Coruña

Mi querido Manolo: acabo de recibir el parte, que me alegró el corazón. Son las once y media de la mañana, y ya empezaba a estar impaciente, pues desde ayer, viernes, que le esperaba. Ahora, como esto no me satisface bastante, estoy deseando recibir la tuya, para saber las particularidades del viaje, y qué aposento has encontrado ahí.
Como aquí hace ahora muy buen tiempo, me estoy imaginando el sol de Madrid, y a ti, paseando por todos aquellos lugares de que yo me hallo tan lejos. Te confieso que paso momentos bastante tristes, aun cuando los hermosos días que está haciendo parece que me dejan respirar algo más libremente.
Ayer fui a paseo con Peregrina Compañel y con Tomás, y entramos en San Lorenzo. Excuso decirte cuánto me acordaría de ti. Vi aquel patio plantado de bojes con aquella fuente profunda y aquella virgen de piedra, todo lo cual me ha dejado encantada. ¡Qué silencio tan inmenso! ¡Y tú nunca has querido llevarme allí! De buena gana hubiera pagado una habitación en San Lorenzo para poder escribir en aquel claustro Romana. Es imposible que no saliese una cosa buena. En el claustro de Conjo no se retrata un olvido tan completo como en el de San Lorenzo. No parece que han pasado por aquel convento treinta años de olvido, sino treinta siglos...
Hoy hace un día tan hermoso como el de ayer, y Tomás, Peregrina y yo cogeremos de nuevo por el camino de Noya. Voy a estar muy triste. Cuando tú te vas parece que me llevas la salud, pues vuelvo a hallarme sin apetencia, y hago malísimas digestiones. Si sigo así voy a enflaquecer. Pero ya pasará. Te remito esa carta para que la contestes de palabra. Recibe mi corazón.
Rosalía, la niña buena.

Notas
- No orixinal aparecen subliñadas as derradeiras palabras, “la niña buena”.
- Manuel Murguía [=Manolo].
- As editoras formulan a hipótese de que Tomás [=Tomás García-Lugín Castro].
- “La niña” do final non se refire a Alejandra.

Remitente/s:
ROSALÍA DE CASTRO
Destinatarios/as:
MANUEL MURGUÍA
Ficha descritiva
[Carta manuscrita con firma autógrafa]

Localización física
Deputación da Coruña

...nos hallamos demasiado lejos. Paciencia. Ninguna contestación tuve de Joaquina, y no quiero mandarle más a la niña, a no ser que tú me mandes otra cosa. Que se lo coman y se lo guisen todo.
Nada sabía de que Compañel estuviese enfermo. Cierto es que no tenía por quién. Apresúrate, sin embargo, a hacer cuentas; bueno será. Si yo fuese hombre, saldría en este momento y me dirigiría a un monte, pues el día está soberbio; tengo, sin embargo, que resignarme a permanecer encerrada en mi gran salón. Sea. Adiós. Recibe todo mi corazón y perdóname cuanto te hago sufrir: tú eres el que tienes que perdonarme a mí y no yo a ti. He leído ayer un cuento de Poe, precioso aunque sencillo. Allí comprenderías que era poeta. Otro que he leído de él, de un género opuesto, se parece al modo de escribir de Larra. Las damas verdes de Jorge Sand tienen muchísima semejanza en cierto estilo con mi joven azul. ¿Qué te parece? Van a decir que he querido imitarla.
Cien besos y adiós. Voy a pasearme un poco por tu cuarto, pues tengo los pies helados.
Tuya,
Rosa

Notas
- Esta carta está incompleta.
- Manolo [= Manuel Murguía].
- La niña [=Alejandra Martínez-Murguía Castro].
- Jorge Sand [=George Sand].

16/12/1861
Remitente/s:
ROSALÍA DE CASTRO
Destinatarios/as:
MANUEL MURGUÍA
Orixe
Santiago de Compostela, Galicia
Ficha descritiva
[Carta transcrita]

Santiago, 16 de diciembre de 1861
Mi querido Manolo: Hemos llegado a esta ayer domingo, a las ocho de la noche, sin novedad particular, aunque llenas de aburrimiento y de cansancio. Después de venir la mayor parte del camino como en una prensa, se ha roto el eje de una rueda, por lo cual hemos tenido que venir desde antes de Lugo a paso de galera. Llegamos a La Coruña a las doce de la noche, aburridas y disgustadas, porque desde cerca de Betanzos hasta llegar a La Coruña, la niña vino con un cólico, que le pasó porque Dios lo quiso, pues con nada pudimos acudirle: pero como es tan fuerte, sanó sin remedio alguno. Mamá, el primero y segundo día, se mareó espantosamente, y yo me indispuse del estómago, de
comer la comida fría, en tal disposición que en lo restante del camino no hemos comido otra cosa que un té en Sanchidrián, una taza de caldo más allá de Valladolid, un chocolate en León, otro en Astorga y un café en Lugo. Así llegamos a La Coruña, donde no quisimos cenar nada, tomando al otro día otro café antes de almorzar, a pesar de lo cual nos llevaron en la dichosa Coruña, por dormir y el café, 24 reales...
Ahora vamos a otra cosa. En Santiago hace un frío espantoso y apareció a mis ojos tal cual lo he descrito en Mauro. Jamás he visto tanta soledad, tanta tristeza, un cielo más pálido. En cambio, La Coruña estaba hermosísima. Una temperatura de primavera y un sol brillante. Estaba por quedarme ya en ella. Si aquí me fuese mal, allá me iba, pues ya tenía un sitio muy bueno, y bien amueblado, donde por tres duros al mes me ponían servicio, habitación y planchado. Lo demás está tan caro en Santiago como en La Coruña.
Por ahora me encuentro aquí en extremo descontenta. Santiago no es ciudad; es un sepulcro. No vayas a creer, sin embargo, que ya tengo melancolía, que voy a enfermar. Nada de eso. Solo tengo una pequeña indisposición al vientre efecto del viaje. Por lo demás, estoy bien. Mamá y la niña también están buenas, gracias a Dios.
He llegado aquí con cinco duros; pero ya no tengo más de tres, y no creas que he gastado un solo maravedí en nada, pues lo he pasado hoy con una economía que pienso no sea mañana tan excesiva, pues casi he comido. El dinero se ha ido en pagar a los que trajeron el equipaje, en comprar varias cosas, porque no había nada en casa, y aún tengo para mañana, además de los tres duros, dos pesetas, y leña, y pan, y carne y algunas otras pequeñeces. Creo que no puedes…

Notas
- Esta carta está incompleta.
- Manuel Murguía [=Manolo].
- La niña [=Alejandra Martínez-Murguía Castro].
- Mamá [=Teresa de Castro Abadía].
- Transcrición a partir de: Castro, Rosalía (1980). Obras completas, ed. Mauro Armiño. Madrid: Akal / Castro, Rosalía (1972). Obras completas, ed. Victoriano García Martí. Madrid: Aguilar.


                                      

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