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epistolarios

Cartas enviadas a Eduardo Pondal

EDUARDO PONDAL
1835 Ponteceso (A Coruña) - 1917 A Coruña

Poeta rexionalista. Autor do poema "Os pinos" cuxas primeiras estrofas compoñen a letra do himno galego.
TODAS          Enviadas a Eduardo Pondal (2)               |         Carta: 1 a 2 de 2
06/04/1864
Remitente/s:
ROSALÍA DE CASTRO
Destinatarios/as:
EDUARDO PONDAL
Orixe
Santiago de Compostela, Galicia
Ficha descritiva
[Carta manuscrita con firma autógrafa]

Localización física
Real Academia Galega

Mi estimado amigo:
Después de los apuntes biográficos sobre Mourelle que me ha enviado, recibí su atenta carta, que me ha causado gran satisfacción, tanto por la amabilidad con que en ella nos trata, como por saber que sigue V. tan mejorado. En verdad no podía menos de ser así, pues según todas las apariencias, aun cuando se hallase V. un poco delicado, no presentaba ninguno de esos síntomas fatales que el menos entendedor es capaz de conocer. Le diré, pues, ante todo que prosiga cazando y comiendo bien sobre todo, que es lo esencial, y al cabo de algún tiempo espero que llegaremos a verle tan bueno como es de desear. Por mi parte, le puedo asegurar que las aguas de Caldas obraron en mí un verdadero milagro. Pasé todo este invierno (que ha sido crudo) sin un constipado, cosa que en mí casi parece imposible, y si no estoy robusta, que fuera mucho decir, ya no tengo por lo menos aquel semblante demacrado y aquellas mejillas enjutas que me hacían parecer diez años más vieja, ni aquella postración general que me hacía semejante a un mueble inútil. Ahora subo y bajo, corro y paseo sin grande agitación, en resumen, paso tan bien la vida como nunca me atrevería a esperar. Con esto debe V. cobrar inmensas esperanzas, pues no puedo suponer se ponga V. más enfermo que lo estaba yo, a quien Varela juzgaba mujer muerta. Yo misma, a quien todos suponían llena de aprensión, me sentía morir realmente y a pasos agigantados, siendo solo mi gran fuerza de espíritu la que me hacía sostenerme en pie. Verdaderamente estaba mortal, todo lo tenía contra mí, sin ninguna probabilidad favorable, y sin embargo, aquí me tiene V. resucitada, ¡a Dios gracias!
Respecto a trabajar, absolutamente nada, y aun cuando V. se digna hacerme algunos elogios que estoy muy lejos de merecer, y que solo puedo deber a su buena amistad, le aseguro que se pierde muy poco con que yo no escriba. Francamente, no tengo ninguna fe en la gloria y, por otra parte, conozco demasiado mis pequeñas fuerzas. Acaso consistirá en que soy muy ambiciosa, pero es lo cierto que nada de cuanto hice me satisface en lo más mínimo y por eso, después de haber ensayado algunos nuevos trabajos de los cuales quedé muy descontenta, he roto cuanto hice y no volví a coger la pluma. Manolo me riñe algunas veces, pero nada mejor que una conoce hasta donde puede alcanzar. Y como no tengo demasiada paciencia para luchar me abandono, convencida de que poco se pierde. V. sí que debía dedicarse formalmente a hacer algo original, pues aunque mi pobre juicio de nada vale, sin que pretenda devolverle a V. una galantería, le diré, como lo he dicho siempre, que sus versos son los que me hacen sentir más de cuantos en Galicia se escriben. Aun cuando por mero descuido sea V. algunas veces desaliñado, sus versos siempre son versos, y versos de ese género que no puede menos de impresionar, porque encierra ese sentimiento escogido que vibra en el corazón y que solo se encuentra el que ha nacido verdaderamente poeta. Por esto, me atreveré a aconsejarle que, permitiéndoselo su salud, mejor que traducir hiciese cosas originales. En mi opinión, el traducir en verso es un trabajo demasiado penoso y demasiado ingrato; todos, por lo general, se admiran del genio del autor, y jamás del traductor. Es, en fin, un trabajo de abnegación, y cuando se tiene genio pienso que no se debe desperdiciar el vigor de su inteligencia en un trabajo ajeno.
Cuando sea V. viejo, ya es otra cosa, pero en tanto tenga V. fuego en el corazón trabaje V. para alcanzar gloria, y demostrar a las gentes que esta pobre tierra que se llama Galicia también tiene poetas, pues por lo de ahora debemos confesar que, respecto a ese punto, nos encontramos flojos.
Manolo se halla en Madrid, desde noviembre, y vive para lo que a V. se le ofrezca, [en] Calle del Gato, nº 4 cuarto 2º. Hoy me escribe que piensa venirse en todo este mes, pero como las cosas de Madrid son cosas de Corte, no sé si en realidad podrá cumplir lo que promete. El ofrecimiento que V. le hace con tanta franqueza, y por el cual le doy las más sinceras gracias, pienso que ha de ser muy de su agrado, y yo estaría muy lejos de oponerme a una cosa que así le complace a él, como a un amigo como V. Quede, pues, sentado que por mi parte no habrá el menor inconveniente en que VV. pasen juntos parte del verano, siendo por el contrario una gran satisfacción para mí el que V. le honre de tal modo con su aprecio. Le he dado parte del recibo de su carta y de sus apuntes: hoy le escribiré las señas con que se ha de dirigir a V. y pienso que pronto sabrá V. de él directamente.
Nada más le digo, sino que me alegraré progrese en su salud, y que eche lejos de sí toda aprensión. Con el buen método de vida que ha emprendido pronto le veremos en buen camino, y en ello sentirá una verdadera satisfacción, la que le estima con la mayor sinceridad, afectísima amiga,
Q. B. S. M.
Rosalía Castro de Murguía
Santiago. Abril 6 de 1864

Notas
- Manuel Murguía [=Manolo].

10/07/1887
Remitente/s:
ROSALÍA DE CASTRO
Destinatarios/as:
EDUARDO PONDAL
Ficha descritiva
[Carta manuscrita con firma autógrafa]

Localización física
Real Academia Galega

Sr. D. Eduardo Pondal

Mi apreciable y distinguido amigo: He tenido el gusto de poder recibir su atenta carta y me apresuro a decirle son en mi poder los 400 rs. que V. ha tenido a bien entregarle para mí a don Felipe Núñez.
Doile a V. un millón de gracias por las molestias que en nuestro obsequio se toma, y le suplico nos dispense el que le obliguemos, impulsados por la necesidad, a ocuparse de la venta de una mercancía que, como V. dice muy bien, tan poca salida tiene en nuestras plazas, aunque es posible que por esta vez consista la escasez de compradores en lo flojo del género.
Mucho le agradezco, asimismo, las benévolas frases con que procura alentarme, pero, creyéndolas inspiradas por su generosidad y la buena amistad que nos profesa, no pueden hacerme esperar en la inmortalidad, que nunca le estuvo reservada a las medianías en cuyo número me encuentro. Trabajo, pues, amigo Pondal, porque las circunstancias me obligan a ello, y al trabajar lo hago como puedo y sé, en aquello que siento y es más grato a mi corazón, el enaltecimiento de nuestra amada Galicia.
Y a propósito de esto, ¿cuándo saldrá a la luz el poema que tiene V. anunciado? Yo lo espero con ansia hace tiempo y lo mismo les pasa a todos los amantes de la verdadera poesía y que desean refrescar el entendimiento con algo selecto y delicado. V., que es de los verdaderos elegidos, es el que no debe dormirse ni un día; no nos haga, pues, esperar mucho la publicación de su obra, que supongo, a juzgar por su índole y el amor con que V. parece tratarla, ha de superar todavía en mérito a las que todos conocemos.
Sin más, con afectuosos recuerdos de Alejandra, tengo la satisfacción de repetirme su admiradora y afectísima amiga
q.s.m.b.
Rosalía Castro de Murguía.
Lestrove, 10 de julio – 1881


                                      

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