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Cartas recibidas de Alberto Girri

ALBERTO GIRRI
1919 Bos Aires, Arxentina - 1991 Bos Aires, Arxentina

Estuda na Facultade de Filosofía e Letras. Na súa xuventude inicia a súa colaboración coa redacción da revista Correo Literario, así comeza a colaborar regularmente no Suplemento Literario do diario La Nación, dirixido por Eduardo Mallea. En 1946, aparece publicado o seu primeiro libro, Playa Sola, prologado por Lorenzo Varela. Sucesivamente publica outros libros de poemas, como Coronación de la espera (1947), Escándalo y soledades (1952), Línea de la vida (1955), La penitencia y el mérito (1957), Propiedades de la magia (1959), Casa de la mente (1968), Árbol de la estirpe humana (1978) e Lírica de percepciones (1983). En prosa publicou as narracións de Crónica del héroe (1946) e Un brazo de Dios (1966), así como o diario que acompaña os poemas de En la letra, ambigua selva (1972). Foi relevante a súa tarefa de tradutor, en especial de poesía en lingua inglesa.
TODAS          Enviadas a Alberto Girri (7)           Recibidas de Alberto Girri (6)       |         Carta: 1 a de
27/06/1971
Remitente/s:
Destinatarios/as:
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[Carta mecanografada con firma autógrafa]

Localización física
Fundación Luis Seoane

Buenos Aires, junio 27/[1]971

Querido Luis:

Con tu penetración habitual, me contás del busto de Rosalía de Castro que acabás de terminar, y me apresuro a decirte que pienso exactamente lo mismo que vos en cuanto a considerar que todo arte es, implícita o explícitamente, narración. Pero esa narración debe ser revulsiva, recreada constantemente por el observador-lector. Como en el poema, esa escultura tuya de Rosalía ha de poner ante quien la mire cosas de muy variado orden. El objeto creado, sea poema, sea tela o escultura, es en realidad un dato a partir del cual ha de ser una y mil veces recreado. A condición de admitir como regla absoluta que una cosa es lo que vemos con los ojos y otra es lo que ve nuestra mente. Acabo de publicar un poema –que te adjunto– y que me interesa especialmente por pertenecer a una serie –ya intentada en libros anteriores–, donde se plantean directa o lateralmente cuestiones relacionadas con el punto de vista de las artes plásticas. Para sintetizarlo con términos más o menos pedantes, diría que todo se sintetiza en el problema de la impersonalidad-personal de la creación (o a la inversa, si querés), única actitud, creo, para intentar llegar a una universalidad. En el poema que leerás, la idea es que esa inmovilidad de los retratos les confiere una inmortalidad muy especial; despreocupados del movimiento porque ese movimiento lo da el espacio y el silencio que se produce en torno a ellos. Incidentalmente, pienso que aquí todo ocurre al revés de los móviles de Calder, pongamos por caso, donde espacio y silencios en torno de los objetos parecen estáticos, vacíos o huecos. Ahora voy a intentar un poema sobre Giacometti. Sobre la mirada de alguien obsedido por lo real, capaz de entender que si uno es capaz de copiar un modelo de una manera profunda y absoluta el resultado no será un objeto realista, sino formas que constituyen la verdadera naturaleza de lo copiado.
Gracias por haber colocado el mate en lugar de preferencia, a estas alturas nuestra única posibilidad de salvación es ser anacrónicos. Lo que me contás sobre la despoblación de tu país, es patético, pero el demonio de la modernidad y el progreso (sic) poco y nada tiene hoy que esforzarse para arrasar con todo. ¿Y si acaso no fuera lo más deseable? ¿Si lo mejor que acaso nos depara nuestro destino es volver a las catacumbas? ¿Y de hecho no nos movemos ya en las catacumbas? ¿No lo es hacer un busto de Rosalía, acariciar un mate, buscar una perdida leyenda, escuchar un Gardel de 1925, escribir poema para contar que Giacometti veía que entre una fosa nasal y la otra la diferencia es tan amplia como un Sáhara?
Querido Luis, te agradezco tu carta, hacía mucho tiempo que no escribía una y me ha hecho bien. Seamos, pues, ultra avanzados, seamos anacrónicos.

Muchos cariños de Aurora y míos a Maruja y a vos, y hasta muy pronto,

Girri

[Anexo.]

Lección de lo inmóvil
Por Alberto Girri
Para LA NACIÓN
BUENOS AIRES, 1971

Esos Holbein
de su período inglés,
lápices de colores
y toques de pluma y pincel
sobre papeles teñidos de rosa
superficies
elaboradas como un negativo
de la carne que enfrentamos, gráfica,
y la que intenta mostrarse;
Rembrandt sacudiéndose
desde halagadoras demandas de burgueses
a profundos, radicales cortes,
a técnicas de alterar
rasgos hasta la descomposición;
los ojos incomparables
de Jacqueline de Rohan
suficientes para abarcar un reino,
y la nariz de Carlos VII
colgando como un péndulo;
las victorianas, novedosas
estilizaciones en papel fotográfico,
sensibles cabezas
al uso prerrafaelista;
el virtuosismo de los cuellos, mujeres cisnes,
Greta Garbo retratada por Arnold Genthe,
atenuados los perfiles, artificiosamente
conmovido el gesto de las manos;
quietudes, diversidades,
datos de la ocular docilidad
recorriendo un alfabeto del que las imágenes
son sus letras,
esos nichos
en paredes, álbumes, inmortalizados
para preservar lo viviente de corrosiones,
abortos, bestialismos, espectros que demudan,
e iluminados por una persuasión
idéntica a lo que alumbran:
lo duradero es estático, sólo
el arte consigue el punto de equilibrio
entre una masa y su punto de apoyo.
.

Consello da Cultura Galega
08/09/1971
Remitente/s:
Destinatarios/as:
Ficha descritiva
[Carta mecanografada con firma autógrafa]

Localización física
Fundación Luis Seoane


Buenos Aires, septiembre 8/[19]71

Caro Luis:

Ahora que me confirmás que ya saliste del busto de Rosalía y de la jarra de Casals, opciones inobjetables, qué duda cabe, me gustaría que cuando contestes (si es que ya no has vuelto, pues he oído que te tendremos aquí en octubre), me informés sobre el significado de ese laberinto circular que figura en tu papel de carta, arriba a la izquierda. Mis conjeturas son varias: ¿distintivo masónico? ¿marca de ganado?, ¿sello para las cartas lacradas, de esas que tanto lo impresionaban a uno de niño?, ¿los colores del Celta de Vigo, colores que no se ven? ¿el monograma del beato Antonio Aita? En fin, mi convivencia con una gallega me hace admitir la posibilidad de cualquier cosa en materia de celtíberos con papel con membrete. Ya veremos.
Te agradezco el juicio sobre el poema. Sé muy bien que sos uno de los poquísimos capaces de ver la cosa en su sentido real. De entender que no se puede hacer poesía, ni pintura, ni nada que valga la pena –al menos como riesgo personal– si uno hace de lo que hace una finalidad en sí misma. Quiero decirte que nunca me interesó la literatura sino con vistas a otra cosa; la poesía como un medio para desentrañar algo de la misma realidad que la produce. ¿Qué es, también, tu pintura sino una estilización del mundo objetivo, pero graduada y matizada de tal manera que lo que surge como resultado es una tercera cosa, un cuadro o un objeto que no es ni objetivo ni subjetivo: es la vislumbre de lo ideal, como solamente la atención artística a veces apresa?
Más aún agregaría que esa insensatez aparente –en primera instancia–, que consiste en eludir por igual el realismo y el subjetivismo, es lo que da la humanidad verdadera al artista, por mediocres que sus resultados sean desde el ángulo meramente estético. Hoy, y desde hace tanto, se sigue confundiendo los términos; se confunde indagación con resultado, cuando lo cierto es que la indagación sobre la realidad ES el resultado. Etcétera, etc. No es a vos, por supuesto, a quien debo enseñarle estas obviedades, pero el “anacronismo” es así, piensa al revés, piensa que si un creador, o presunto, no es capaz de descubrir la pólvora en dos de cada tres cosas que haga o diga, está perdido. Eso explica, también, por que el anacronismo es hoy casi una actividad de catacumbas: hace mucho ya que quienes leen se olvidaron de leer lo que leen, y no otra cosa, que quienes contemplan, miren lo que ven en el cuadro, y no otra cosa.
Terminé el poema sobre Giacometti: Cuestión no resuelta. Si para la próxima aún no has regresado, te lo enviaré. Algo tiene que ver con esta desordenada cháchara.

Un fuerte abrazo para Maruja y para vos

Girri
.

Consello da Cultura Galega
22/03/1973
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[Carta mecanografada con firma autógrafa]

Localización física
Fundación Luis Seoane


Buenos Aires, marzo 22 de 1973

Sr. Luis Seoane
GALICIA

Querido Luis:

Han pasado unos cuantos días desde que recibí tus noticias, y la demora en contestar podrás entenderla fácilmente: podrás imaginar mi estado de ánimo –perplejidad, incertidumbre, depresión– y el de muchos de nuestros amigos, luego de las tan esperadas elecciones.
Ahora, la sensación general ha cambiado un poco y más bien parecería tener el denominador común de la curiosidad, curiosidad por lo que va a ocurrir, y cómo. Desde luego, se espera que el estilo será un tanto distinto al que padecimos durante diez años, pero nada me (nos) autoriza a ser optimista. Como bien sabés, no tengo ni mentalidad ni preparación ninguna en materia de temas o asuntos o ideologías políticas, y esto que parecía un contrasentido, una aberración, y aún una evasión para los tiempos que corren, voy viendo que no lo es tanto si se contempla el espectáculo de partidos que se deshacen, de pueblos que no aprenden lecciones, de conversiones políticas dando giros de noventa grados de la noche a la mañana, de oligarcas medrosos y astutos que han decidido que su puesto está del lado de los necesitados (sic), de una así llamada clase media que busca resolver sus frustraciones bajo la máscara del “progresismo”, cuando en realidad lo que busca es participar de alguna migaja del poder, o sea, de la posibilidad de: más automóviles, más televisores, más esnobismo de la “vanguardia” en materia de arte, etc., etc.
No presumo de estar en la verdad, como te imaginarás, pero a estas alturas creo que uno tiene, mínimamente, la obligación de contemplarse a sí mismo con realismo; y en ese sentido mis aspiraciones no son hacia un mundo utópico y perfecto que habrás de ser construido a base de muertos y violencias, sino un mundo tolerable. Te seré absolutamente franco: no me trago la píldora de las revoluciones si son al precio de vidas (y desgraciadamente no veo otra alternativa), si han de hacerse con naturalezas que, como la humana, tanto dejan que desear, tan alejadas están del verdadero Progreso. Todavía soy de los ingenuos que creen en el conocimiento de uno mismo, y en esa palabra tan desmonetizada hoy, el espíritu. En fin, como alguna vez lo hemos señalado, y hemos coincidido: anacronismo, individualismo retrógrado, nihilismo culpable, etc. Fuera de esta retahíla, debo decirte que estamos bien; mal que bien me permito aún el lujo de escribir o de no hacerlo, tengo en Aurora una compañera inmejorable, y me las arreglo para seguir siendo un pobre, esa condición social, económica y espiritual, que parece ser cada vez más rara, medieval, en este mundo en que los dos términos más visibles son miseria y riqueza. Estoy terminando, retocando, afeitando una serie de poemas que reuniré bajo la forma de un libro que se titulará Poesía de observación. De esos poemas ha elegido uno que acaso te interesa, y que te copio en hoja adjunta. Y ahora te dejo con un fuerte abrazo para vos y Maruja; y otro tanto de Aurora. Ya sabés, querido Luis, por si en otra ocasión no te lo hubiera dicho, que estímulo es para mí el que haya mentes, espíritus y almas tan plenos como los que operan en vos. Espero una nueva carta tuya.

Alberto Girri
.

Consello da Cultura Galega
08/06/1975
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[Carta mecanografada con firma autógrafa]

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Fundación Luis Seoane


Buenos Aires, junio 8/[19]75

Querido Luis:

Te agradezco tu carta, no solamente porque decís sobre mi último libro palabras que ni yo mismo me animaría a pronunciar, pues ya sabés hasta que punto uno no ve sino muy vagamente qué ha conseguido, qué ha dejado en el camino de ese logro, qué se propuso conscientemente, qué salió en realidad. Te la agradezco porque a través de los años fuiste permanentemente una de las mejores cosas que me deparó la vida como ejemplo de amistad, inteligencia, conducta insobornable frente a la necesidad de que cada cual se justifique, y acaso se salve por lo que consiga hacer hacia adentro y hacia afuera. Me alegra saber, también, que las cosas te han ido bien en materia de trabajo, exposiciones, éxito (Sabat –gran persona y formidable artista– me trajo noticias tuyas). Aquí, todo está convulsionado: la inflación, el alza de los precios, la inseguridad política y de vidas ha impreso en las gentes un aire penoso, una mezcla de frustración, miedo, incertidumbre y hasta como de vergüenza por lo que pasa en esta extraña comunidad donde tantas y tan notables individualidades siguen tratando de hacer lo que pueden, y donde en cuanto se enfrentan o juntan dos empieza el caos. Por si fuera poco, y luego de un proceso alternativamente depresivo y de exaltación que remató en una verdadera locura suicida, acaba de morir H. A. Murena, entrañable amigo de toda la vida, escritor notable, un espíritu excepcional, una noble persona. Uno se pregunta, entre tantas cosas, si el estado general de lo que nos rodea no habrá tenido algo o mucho que ver con ese final a los 52 años. Mientras tanto, para hablarte un poco de mí, te cuento que en esos avatares que a todos tocan ahora les ha dado por considerar que soy un “gran poeta” (sic); curiosamente, la cosa viene, con extraña uniformidad, de la izquierda, el centro, la derecha (alguna vez alguien me explicará qué quieren decir, exactamente, en nuestro país esas tres palabras), de modo que van y vienen los reportajes por Crisis, T. V., Gente, y hasta La Opinión –que te adjunto– donde además llegan, como verás, hasta a pedirme disculpas por haber escupido injustamente sobre un libro mío hace un par de años. Además, y en medio de una especie de consenso general, me concedieron hace unos días el premio de la Fundación Lorenzutti, en pesos que valen poco, pero que para mí siempre son bienvenidos y muchos, dados mis ideales estoicos y de mendigo. Con posterioridad a Quién habla no está muerto, escribí un poema que seguramente te va a interesar y que acaso puedas emplear alguna vez como prólogo a algún catálogo, ilustración o lo que sea, y que te hago llegar. Me gustaría que me escribieras apenas recibas todo esto dándome tu opinión. Te mando para vos y Maruja un fuerte abrazo y otro de Aurora que ya está en París, trabajando, y hacia donde iré –si puede–antes que ella regrese.

Girri
.

Consello da Cultura Galega
00/00/1976
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Ficha descritiva
[Carta manuscrita]

Localización física
Fundación Luis Seoane


[1976]

Querido Partisano del color:

Esta vez la caldera ha hervido como nunca, me parecen admirables tus verduras y tus rocas.

Un abrazo.

Alberto Girri
.

Consello da Cultura Galega
26/07/1977
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[Carta mecanografada con firma autógrafa]

Localización física
Fundación Luis Seoane


Buenos Aires, 26 de julio (un día después del de Galicia) [1977]

Caro Luis:

Te agradezco tu carta y te agradezco que conserves, como lo conservarás hasta el fin, tu sentido de lo fantástico como real y tu sentido de lo concreto como más fantástico que lo fantástico mismo. No creo que haya posibilidades de definir lo que es un artista sino en esos términos. De allí que para mí, directa o indirectamente, hayas salido siempre uno de los poquísimos ejemplos para tener en cuenta y seguir, sea como sea. Hay un punto en el curso de nuestras vidas en que uno ya no sabe bien qué es su esencia y qué es su personalidad, lo adquirido, donde comienza una y donde lo otro; y creo que este momento es el más fértil, tanto en las relaciones personales y con el mundo cuanto en los vínculos que el arte o la vocación a la que ha entregado su vida, en parte a los tanteos, en parte a sabiendas, en parte llevado vaya uno a saber por qué elementos irracionales, genéticos, etc. Esa es, creo la paradoja en que nos encontramos –me encuentro– y en que empiezo a ver con algo de claridad algunas cosas; cómo lo de adentro y lo de afuera de uno son contradictorios y a la vez complementarios, cómo el acto de escribir un poema no es lo opuesto al acto físico de estrecharle físicamente la mano a alguien, sino que es estrecharle la mano; cómo las renuncias que en el orden personal uno ha tenido que hacer, pues siempre optamos (aunque en el fondo pareciera que todo está decidido desde el vamos), han dado a nuestra vida una pérdida en la inmediatez para hacernos ganar en vastedad. La conciencia de eso es, creo, un principio de armonía. Vos la conseguiste porque tuviste la lucidez siempre de obrar con lo real, eso que es, sea material, sea imaginado: pintar un zapallo, un campesino, o ver en la niebla esas figuras es exactamente lo mismo: a condición de que quien lo hace tenga la apertura interna adecuada para conectarse. Aunque la palabra suela estar desmonetizada, eso se llama Espíritu; “Estar bien con Dios” también, si lo prefieres. A mí me costó más y los resultados no sé si son comparables a los tuyos. Creo que ni de lejos. Figúrate, sin tener un ánimo de luchador ante las durezas del mundo, sino casi exclusivamente de contemplador, me tocó desde muy chico de resolver esa contradicción interna, ese espejismo, que la extrema pobreza material plantea: suponer que todo, desde el fracaso de mi padre (fracasó como músico, como comerciante, como sastre), hasta la imposibilidad de asistir a eso que con un siniestro eufemismo se llama “buenos colegios”, se hubiera resuelto por un poco más de dinero. Cuando la verdad es muy otra: el verdadero fracaso es no saber mínimamente qué es uno y a partir de ahí hacer con ese uno mismo ese que le está destinado ser. Creo, en momentos de optimismo, o de dorarme la píldora, o de suponer que soy lo que los demás estimen de mí, que algo he logrado; pero con gravísimos baches, la tristeza de que cada cosa sea siempre el precio de otra, la memoria de lo inmodificable para siempre (verdadera trampa demoníaca) etc. Y no sigo más con esta cháchara sentimentaloide. Pero es que estoy todavía bajo los efectos de haber tenido que hojear ese primer de mi (sic) Obra Poética, y detrás de cada poema hay mucho más, en otro orden de cosas, que lo que allí se lee. Espero que mi próxima sea más divertida. Por lo pronto, quiero le mandes mis saludos, y de los amigos comunes, a Caruncho, excelente pintor y gran persona, transformado en 24 en un porteño total. Buenos Aires, con el mismo fermento de toda clase de actividades culturales que bien conocés, y yo trabajando ahora en mi nuevo libro, del cual tengo ya el título: Árbol de la estirpe humana.

Un gran abrazo para Maruja y para vos.

Girri
.

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