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Cartas enviadas a Abrasha Rotemberg

ABRASHA ROTEMBERG
1926 Ucrania

De orixe xudea, emigrou a Bos Aires coa súa familia. Estudou Economía e Socioloxía en Xerusalén. Logo do seu retorno de Israel, a principios da década de 1950, dedicouse a asesorar a empresas xornalísticas e cinematográficas. Foi un dos fundadores do xornal La Opinión.
TODAS          Enviadas a Abrasha Rotemberg (2)           Recibidas de Abrasha Rotemberg (3)       |         Carta: 1 a 2 de 2
27/02/1967
Remitente/s:
LUÍS SEOANE
Destinatarios/as:
ABRASHA ROTEMBERG
Destino
Bos Aires, Arxentina
Orixe
Paseo del Doctor Esquerdo, 75, 3º, derecha, Madrid, España
Ficha descritiva
[Carta mecanografada]

Localización física
Fundación Luis Seoane


Madrid, 27 de febrero de 1967

Sres. Dina y Abrasha Rotenberg
Buenos Aires

Mis queridos amigos:

Recibimos la carta que nos enviásteis ya no sé cuando, sospecho que antes de salir de vacaciones de las que llegaréis de vuelta seguramente estos días, pues, entendemos que pensaban tomárselas en febrero. Nosotros llevamos dos meses en Madrid, trabajando y paseando, más todavía trabajando que paseando, en un espacio cuyas medidas casi exactas se las digo a Julia e Isidoro en la carta que les enviamos, que sale conjuntamente con ésta. Desde que escribí esa carta, hace unas horas, tuve confirmación de la fecha de mi exposición en Colonia, el 4 de Mayo, y durará cinco semanas, como consecuencia del éxito de la alcanzada en Bonn cuya clausura volvió a prorrogarse, lo supe tambien hace unos momentos, parece que aún durará gran parte de marzo. Quizá, desde el punto de vista práctico, debiera estar en Alemania pero de alguna manera debemos poder pagarnos la felicidad de hacer lo que nos dá la gana, este tipo de libertad que no hay quien le quite a los españoles –éstos asi lo créen– o a los de su orígen y que es un modo, como otro cualquiera, de comprarse alguna satisfacción personal. Aquí estamos más a gusto que en Alemania. Estamos entre gentes libres de muchos prejuicios, no de todos, casi libres, aunque sientan su libertad encerrada entre las fronteras, aquí no son paredes, de una gran cárcel. En El Prado hay una aguada de Goya donde un preso arrodillado recibe en su celda un rayo de sol, y sonriente, expresa: “Divina libertad”. Así es, la libertad se lleva con uno y es lo que uno siente aquí de las gentes del pueblo. Goya lo sabía muy bien. Claro que no quiere decir que ellos lo sientan. Libres los siento yo en relación con suízos y alemanes. Cada vez que nos veíamos observados por esos alemanes de ojos de hielo, impersonales y fijos como los de algunas aves de rapiña, cuidando de que cumpliésemos con las reglas, nos sentíamos coartados en nuestra libertad. Otra cosa es que las reglas las formulen y las cuiden los de arriba, no los vecinos y parientes, los funcionarios del Estado y el Estado, que los españoles nunca están dispuestos a obedecer y que si obedecen es por los mismos motivos por los que soportan sin remedio, una tormenta, una catástrofe, una enfermedad, algo que ellos no pueden controlar, que en ningún caso depende de ellos. Es posible que esta libertad individual, esta tolerancia de unos con otros, sea el producto de siglos de desgracias comunes, de mezclas, de guerras perdidas, de su vejez como pueblo, como ocurre con los otros del Mediterráneo, o con esos otros que denominamos primitivos. Por mi parte, comprendo mejor a quien aún crée en un sacerdote tribal al que se le suponen poderes sobrenaturales y misteriosos, capaz de conjurar males con oraciones verbales y recetas vegetales, que a quienes adoran al dios Thyssen, el de los metales, incapaz de consolar con algún simple y extraño conjuro a un semejante. No me refiero, se entiende, en este caso, a la libertad política. No sé por qué les escribo todo esto. Debiera seguramente referirme a otras cuestiones. Al mismo Goya, de quien hoy mismo encontramos en el museo un dibujo a la aguada en el que se valió del “collage” para acentuar sus blancos, encerrando papel recortado en el negro de tinta, el dibujo número 328 de los que allí se exponen. O a Raimón, el valenciano que canta en catalán canciones “comprometidas” y cuyo último disco ya se agotó en unos días entre Barcelona y Madrid, sin que nosotros pudiésemos adquirirlo. España está hambrienta de que alguien se refiera a sus problemas. Yo acabo de pintar un cuadro titulado Emigrante, donde del cuello de una gran figura femenina pende un cartel que dice: “Elle s´apelle Manuela Rodríguez. Elle est analphabéte. Aidez-la. Genève 1963”, que es un tema que Maruja y yo vivimos precisamente en Ginebra y en ese año. Era una trabajadora española que viajaba en tren desde Tessino a España, a la que le colgaron el cartel en el punto de partida y se enloqueció en el tren.
Por hoy nada más. Escríbannos. Me gustaría en una próxima enviarle a Dina noticias que puedan interesarle para su arte. Un gran abrazo para los dos de Maruja y mío:

[Seoane]

N/D: Dr. Esquerdo 75, 3º, dcha. Madrid.
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07/07/1967
Remitente/s:
LUÍS SEOANE
Destinatarios/as:
ABRASHA ROTEMBERG
Destino
Bos Aires, Arxentina
Orixe
Castro, Galicia, España
Ficha descritiva
[Carta mecanografada]

Localización física
Fundación Luis Seoane


El Castro, 7 de Julio de 1967

Sres. Dina y Abrasha Rotenberg
Buenos Aires

Queridos amigos:

No pude escribir antes porque una caída en la calle, en La Coruña, al día siguiente de llegar, me produjo un astillamiento de húmero en el brazo derecho y desgarramiento de tendones, que me tuvieron sin hacer nada hasta hace unos días sin que hasta ahora, por otra parte, hubiese logrado alcanzar sus movimientos normales y la caída fué hace ya más de un mes. La carta de ustedes nos produjo emoción y debemos decirles que nos solidarizamos con Israel en cuanto al conflicto con los países árabes, desde el mismo comienzo. Tenemos, como todo el mundo, nuestro juicio tomado con respecto a muchas cuestiones de política internacional, pero nosotros que no somos políticos en el sentido de aspirar a conducir a nadie, sino en cuanto suponemos que ella es una facultad humana que debe ejercerse en beneficio de la colectividad, no podríamos estar ni con los reyes árabes, ni con las veinte o treinta familias dueñas del petróleo en perjuicio de sus pueblos, ni con regímenes que continúan aplicando penas como la de cortar manos a los ladrones, etc. Tampoco, como es natural, con quienes en nuestro siglo son capaces de declarar, como en el medioevo, una “guerra santa”. Por otra parte recuerdo muy bien sucesos ocurridos hace treinta años con la participación de ellos y de los que ahora prefiero no escribir. Esta es, pues, nuestra posición y como siempre nos dejamos guiar por sentimientos más que por otras razones.
Estos días empecé, al mismo tiempo que a escribir cartas, a dibujar algo. Estoy haciendo unos proyectos de jarras de porcelana con supuestos rostros de personajes medievales gallegos, juglares, caudillos populares, etc. Veremos que sale de todo esto. Por otra parte, con amigos y parientes, viajando mucho por Galicia. Es un país bellísimo en todas sus partes, por el interior, en las montañas con grandes bosques que esconden monasterios y castillos medievales y en la costa bordada de rías, de playas tambien entre bosques, y donde se conservan, como en el interior, viejísimas leyendas venidas desde la prehistoria que el catolicismo supo muy bien aprovechar, para peregrinaciones y romerías aún contradiciendo sus creencias, pues casi todas proceden de viejos cultos paganos, naturalistas, que adoraban la piedra, los ríos, las fuentes, el sol, creyendo en la transmigración de las almas, etc. Galicia continúa siendo un pueblo pagano donde la mayoría de aquellas creencias perviven, lo que imprime una gran fuerza lírica a sus manifestaciones populares. No pasa ese catolicismo de creer en las ánimas de los muertos que pueblan sus nieblas. De todo esto ya hablaremos a nuestro regreso. La saudade que distingue a los gallegos quizás proceda de su nostalgia por un mundo perdido hace casi dos mil años y al que bosques, ríos, mar, invitan al recuerdo a través de una especie de memoria ancestral.
Perdonen todas estas divagaciones. Todo ello no impide nuestra nostalgia de los amigos y de Buenos Aires. Otra condición gallega es llevar el paisaje dentro de uno por donde quiera que vaya y en Buenos Aires lo tenemos, queriendo o no, con nosotros.

Un abrazo de Maruja y mío para los dos. Escríbannos, nos gusta recibir cartas y noticias:

[Seoane]
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